Hola de nuevo, tras seis meses de ausencia obligada, debido a las nuevas responsabilidades que he asumido después de las elecciones del pasado 9 de marzo.
La última vez que contacté con vosotros acababa de ser reelegido diputado del PSOE al Congreso. Hoy reanudo la comunicación desempeñando la labor de Secretario General del Grupo Parlamentario Socialista, una nueva etapa en mi vida política que lógicamente, como podréis comprender, ha supuesto todo un proceso de reorganización que ha llevado su tiempo y su esfuerzo.
Este es, por tanto, el link a mi nuevo blog:
http://www.elblogderamonjauregui.blogspot.com/
Ya os lo dije en nuestro primer contacto. Soy consciente del importante e influyente sistema de comunicación que la red ha establecido a través de los blogs. Una herramienta que ha cambiado las reglas de juego en las relaciones entre ciudadanos y los políticos, posibilitando un “tú a tú” democrático e intenso.
A partir de hoy en mi nuevo blog podréis conocer mis puntos de vista a través de los artículos que publique, de algunas de mis intervenciones en el Congreso o en otros foros y de la comunicación que mantenga con vosotros respondiendo a vuestros comentarios y sugerencias. Estableceremos un intercambio de ideas que sirvan de base para el mantenimiento de un debate constructivo.
Con la ilusión de mantener esta relación, me reencuentro con vosotros.
De los resultados electorales del pasado domingo seguiremos extrayendo lecturas diversas y encontradas, mucho tiempo. De la palabra soberana de los ciudadanos se obtienen mensajes inapelables que deben guiar, inexorablemente, la conducta de los partidos en el tiempo venidero. Lo malo es cuando, de unos mismos hechos, se extraen conclusiones antagónicas. Es un fenómeno frecuente en los análisis postelectorales. A la izquierda europea en general siempre le asalta la misma duda cuando pierde las elecciones. De inmediato surge un sector izquierdista reclamando una orientación más social y unas alianzas nítidamente de izquierdas, y a él se contrapone, casi siempre, una corriente más pragmática, advirtiendo de que los votos no se han perdido por la izquierda, sino por el centro político y que son precisas políticas más moderadas para ganarse ese espacio sociológico tan difuso como socorrido.
Al PNV le está pasando algo parecido con la importante pérdida electoral del pasado día 9. Una parte de sus dirigentes y de su estructura orgánica interpreta que no se han hecho las alianzas electorales necesarias para evitar tan grandes pérdidas en votos y escaños y que se ha postergado, por contradicciones internas y miedos, el discurso soberanista y la agenda del lehendakari. Pero, por paradójico que resulte, otra parte del aparato directivo piensa justamente lo contrario. Que es el lehendakari con su propuesta de autodeterminación y referéndum el que está arrastrando a su partido a una radicalización muy peligrosa que asusta a votantes nacionalistas moderados y que ubica a su partido rivalizando con las demás formaciones nacionalistas en un terreno en el que nunca ganarán. ¿Cuál será la orientación final que guíe al PNV los próximos meses? Honradamente no lo sé y tengo para mí que es una de las cosas más importantes del próximo futuro.
Hace unos días, hablando con un viejo amigo nacionalista, comparábamos la tensión ideológica interna del PNV de hoy con la producida en los primeros años ochenta. Ambos coincidíamos en que la dimensión política de las diferencias actuales es sensiblemente mayor a la que se produjo entonces a propósito de la famosa LTH o al papel del partido y del Gobierno en el proyecto nacionalista vasco. Ahora, el PNV está atravesado por una pulsión independentista-autonomista mucho más diáfana y profunda, y es el lehendakari desde el Gobierno el que ha impuesto de manera clara y rotunda una estrategia al partido, al que arrastra a la gloria o al abismo. El EBB no puede impedir los planes del lehendakari sin riesgo de quebrar al partido o de quedarse sin candidato. Es una elección diabólica entre lo malo y lo peor.
Otra de las lecturas obligadas es el triunfo del PSE-EE (PSOE). Omito por conocidas, y por pudor, las cifras, pero son espectaculares e inéditas. La dirección de los socialistas vascos ha reaccionado con prudencia y ha rechazado la extrapolación a otro tipo de elecciones. Bien hecho. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que venimos de unas elecciones municipales y forales en las que, aun habiendo sido muy buenas, no se alcanzaron semejantes porcentajes de cuota electoral. ¿A qué se ha debido el fortísimo incremento socialista en el País Vasco? Sin duda a dos fuentes incuestionables: los votos provenientes de PNV-EA y Ezker Batua y una parte de los procedentes del voto nuevo que se ejercía por primera vez. Pero esto es conocido. Lo que de verdad interesa saber es por qué cerca de cien mil votantes del tripartito se han pasado al Partido Socialista. Yo creo que hay dos razones básicas, aunque este análisis debe perfeccionarse con los expertos. La primera es un voto a favor de que el Gobierno de España lo encabece Rodríguez Zapatero y no Mariano Rajoy. La segunda es una prima electoral al esfuerzo del presidente por lograr el fin de la violencia. Cuánto hay de uno u otro es importante para conocer el potencial de crecimiento socialista en las próximas elecciones autonómicas, pero hacemos bien situando en la primera de las dos razones la mayoría de esos votos.
¿Quiere decir eso que volverán todos ellos al tripartito en la convocatoria autonómica? También se equivocarán en eso, si creen que sólo el 'bipartidismo centralista' es el causante de su debacle. En la deserción nacionalista del 9-M hay además un razonamiento más complejo y diverso. Votantes nacionalistas que no están de acuerdo con la derrota de Imaz, con el rumbo del lehendakari, con los abusos de un poder excesivamente prolongado (al igual que ha podido ocurrir en Andalucía con el PSOE) o nacionalistas que no comparten la estrategia comprensiva o equidistante hacia la violencia de que vienen haciendo gala el EBB y el Gobierno vasco desde hace unos meses. Muchas razones que llaman a la puerta jeltzale con inusitada ansiedad.
Lectura obligada también para el PP vasco. Porque una primera impresión satisfactoria con un resultado casi idéntico al de 2004 en cuota electoral debe ir acompañada de dos reflexiones obligadas. ¿Por qué todo el voto que se desprende de las otras formaciones, absorbido por el dilema bipartidista Zapatero-Rajoy, se va con Zapatero? Y, sobre todo, ¿por qué tanto voto útil al PSOE, en su contra? La segunda no es menos importante: ¿Es consciente el PP de que una política tan hostil al pacto en Euskadi, tan marcada por actitudes antiautonómicas y prácticamente monopolizada por el discurso contra el terrorismo, limita inexorablemente su crecimiento electoral y sus juegos de alianzas futuras?
El horizonte político de Euskadi es muy incierto. Es verdad que nunca ha sido estable, pero me atrevo a afirmar que estamos en una crisis. El espacio electoral de la izquierda abertzale, llámese Batasuna o ANV, está enrocado e ilegalizado. Lectura obligada también, ésta para todos, es reconocer que más o menos disfrazados en la abstención, ese mundo permanece inalterable en el entorno del 10% y que sigue a pies juntillas las consignas de sus jefes, sean estos terroristas directos o delegados. Ahí, nada se mueve, ni la alcaldesa de Mondragón y sus concejales, acorralados política y moralmente por el asesinato de un vecino y ex concejal socialista e incapaces de una sola palabra de rechazo al crimen. ETA ya nos anunció, después de la ruptura de la tregua, que iba contra los socialistas y mucho nos tememos que Isaías Carrasco no será el último. El Estado, por su parte, ya ha enseñado sus cartas: persecución policial, colaboración internacional, firmeza judicial e ilegalización total de todo el entramado político. La regla de que con violencia no hay política se va a aplicar hasta el extremo de nuestro ordenamiento político jurídico. Va de pulso, nos guste o no.
Paralelamente, la política vasca y el sistema de partidos están más rotos que nunca. Cuatro partidos en el espacio nacionalista: PNV-EA-Aralar y Ezker Batua se disputan un electorado semejante y todos ellos cavilan sobre sus pretensiones hacia el espacio electoral de los ilegalizados. Esta enorme inestabilidad del campo nacionalista se agrava por la fuerte tensión ideológica que sufre el PNV desde los dos extremos de su famoso péndulo y, en este magma de confusión y rivalidad fraterna, el lehendakari se inventa una fórmula que, a modo de pócima milagrosa, quiere resolverlo todo al margen de ETA, que seguirá matando, y del profundo desacuerdo que le expresan los otros dos grandes partidos vascos sobre sus planes. Todo ello a pesar de que el tripartito que preside se ha visto deslegitimado nuevamente por las urnas. Y van tres, la primera en mayo de 2005 en las elecciones autonómicas, la segunda en las municipales y forales de 2007 y la tercera el pasado domingo, perdiendo los tres partidos más de doscientos mil votos respecto a 2004. Y sin embargo, y a pesar de todo, quizás nos lleve a unas elecciones anticipadas y plebiscitarias. ¿Hay quien dé más? Es patético. Hubo un tiempo en que Ajuria Enea era otra cosa.
Queridos amigos y amigas: todavía emocionado por los resultados electorales de ayer a la noche, quiero trasladaros mi agradecimiento por la comunicación que hemos mantenido estos días y mis primeras impresiones sobre los mensajes electorales de ayer.
El triunfo electoral del PSOE es incuestionable y no hay que lamentar la no obtención de la mayoría absoluta, porque eso nos obliga a una política más sensible, más comprometida con el dialogo y el pacto, incluso evitará soberbias y abusos que, aunque no siempre, son mas fáciles de conseguir con la mayoría absoluta. No obstante , con 169 diputados, se pueden conseguir alianzas en muchas direcciones y francamente no me parece nada difícil gobernar en solitario.
Respecto al País Vasco nada nuevo que no sea resaltar la victoria histórica obtenida. Me gustaría destacar tres conclusiones; Primera, Los vascos han premiado al partido del pacto, de la paz, de la moderación y de la convivencia. Yo creo que ha habido un apoyo rotundo al gobierno en su lucha antiterrorista, y en cierto modo ha dicho no a la feroz no oposición que ha hecho el PP en esta materia. En definitiva, Zapatero ha convencido a los vascos. Segunda. El tripartito ha sufrido una derrota espectacular y el lehendakari haría muy bien en interpretar estos resultados y revisar su estrategia. Tercera. El PNV debería hacer también un juicio correcto de su perdida electoral y sobre todo no equivocarse en la dirección de su rectificación. Si interpretan que se equivocaron por no ir en coalición con EA y por radicalizar su mensaje, acabaran proponiendo el referéndum en octubre y unas elecciones anticipadas en una coalición con el tripartito. Si esta fuera su decisión podríamos tener un cambio de gobierno en Euskadi como, por otra parte, puede deducirse también del mensaje que se ha obtenido en estas elecciones, puesto que en mi opinión, también es evidente que el PSE-EE emerge como alternativa clara al Gobierno Vasco actual.
En primer lugar reivindico el triunfo democrático que representa la celebración de estos debates y otros muchos paralelos. Considero que es una conquista irreversible que se ha instalado ya y que irá mejorando progresivamente con formatos más abiertos en la que los periodistas tengan un mayor papel.
Yo creo que Rajoy perdió su última oportunidad. Acosado por las encuestas y obligado a buscar una victoria contundente, equivocó el tono y expresó de nuevo las acusaciones y el catastrofismo del debate anterior. Volver a la mentiras, a la negociación con ETA, a la “España se rompe”, y al discurso de rechazo al inmigrante le ubicó en el espacio del perdedor. Salió a ganar y arriesgó pero lo que consiguió fue una derrota más abultada. Bien puede decirse que el resultado de los debates, incluyendo el de Solbes, es de 3-0 a favor del PSOE.
Zapatero ganó porque conectó mejor con la ciudadanía. Porque hizo propuestas y hablo de futuro. Porque generó confianza desde la responsabilidad, la serenidad y la solvencia.
Ahora queda seguir movilizando al electorado para obtener una mayoría suficiente el próximo domingo.
En mi último minuto del debate en TVE que realice la semana pasada, empecé con estas palabras “queda mucho por hacer”. Es una frase que implica tres derivadas. Supone que hemos hecho mucho, que queda mucho por hacer y que tenemos la ambición de hacerlo.
El PSOE forma parte de esa corriente de pensamiento humanista que desde el principio de la historia ha buscado una organización democrática y justa de la convivencia. A ese espíritu responde en la historia contemporánea lo que comúnmente llamamos izquierda. Nacimos reclamando dignidad laboral, luchando contra la explotación de los niños, contra los salarios miserables, contra las jornadas interminables, fuimos los protagonistas fundamentales de la construcción democrática de un hombre un voto, de la igualdad de mujeres y hombres, de los derechos humanos o del estado de bienestar. En este contexto revindico para el PSOE el papel extraordinario que estamos jugando en estos últimos 30 años en España.
Nuestro país ha tenido un desarrollo político, económico y social formidable en estas tres décadas, y desde luego, el principal mérito hay que atribuírselo a un pueblo moderno, austero, trabajador, y con una ambición de progreso y desarrollo que no deberíamos de perder. Probablemente es la misma ambición que guió a los franceses y alemanes, y a otros pueblos de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, ha construir sociedades desarrolladas y justas. Pero junto a los meritos de nuestro pueblo, también hay que destacar el éxito de la política que ha guiado a ese pueblo. Casi veinte de esos treinta años han estado liderados por el PSOE.
Pues bien, es de esta reflexión desde la que situé el comienzo de mi intervención final: “queda mucho por hacer”. Se trata de una larga marcha en la que los objetivos de la justicia social, de las mejoras de las pensiones, la mejora de la calidad de empleo, el logro del pleno empleo, la mejora de la renta y su distribución, y de la economía en general, no puede alcanzarse en cuatro días. Y es así como esta próxima legislatura debe inscribirse en un proyecto más amplio, más a largo plazo, y que tiene su fundamento en lo que hemos hecho estos últimos cuatro años en los que la política social y los avances y derechos de los ciudadanos han tenido un enorme impulso. Se trata de seguir avanzando en las ayudas a la familia, en poner en marcha el nuevo derecho a la dependencia, en seguir avanzando en la igualdad de la mujer en las empresas y en los hogares, en mejorar la calidad de nuestras universidades, en mejorar las pensiones mínimas y el salario mínimo, en afrontar el cambio climático, en fomentar un modelo energético seguro, en aumentar nuestra cooperación con los países más pobres, en luchar por un orden internacional más justo y en paz, en extender la democracia en el mundo... Queda mucho por hacer.
La pregunta es quién debe dirigir la política para estos grandes objetivos. Quien ha estado navegando entre la exageración y la mentira, entre la división de los españoles y los territorios y la crispación generalizada. Quienes se han opuesto a la políticas sociales y de extensión de derechos que hemos puesto en marcha estos años, no pueden ser llamados a esta gran causa. Es el PSOE el único capaz de representar la opción de un gobierno de izquierdas en España y es por eso por lo que con orgullo y toda legitimidad pedimos un voto de confianza para esta larga marcha.
El debate de ayer en TVE fue una nueva fiesta de la democracia porque debatir en televisión es una campaña es imprescindible.
Reconozco que el debate estuvo acartonado y rígido porque el formato no permitía ni una mayor vivacidad, ni un intercambio más personal, ni una mayor profundización en algunos temas. “Son las consecuencias de un debate a 7” pero la televisión pública tiene que cumplir el mandato de invitar a todos.
Mis conclusiones son que cada partido colocó su mensaje a su público. Con todo respeto, los discursos locales y la rivalidad localista, a veces resulta ajena a la mayoría de los telespectadores. Coincidí muchas veces con Montserrat, la representante de IU y pude rivalizar poco con el representante del PP porque me sorprendió su actitud suave, incluso blanda en formas y contenidos. No quería rivalizar conmigo y claramente rehuyó la dialéctica sobre temas sensibles, como por ejemplo, el terrorismo, mostrando una actitud conciliadora, absolutamente antagónica con el comportamiento de estos últimos 4 años. Al final del debate le pregunté al Sr. González Pons la razón y me respondió: “lo he hecho suave porque sabía a quien tenía enfrente”. Lo tendré como un elogio.
Debo empezar diciendo que el debate fue una fiesta para la democracia. Los debates son a las campañas electorales lo que las elecciones a la democracia. Quiero reivindicar al Presidente Zapatero como persona que cumple lo que promete y como un dirigente político que refuerza la democracia. Él suele decir que el socialismo es profundizar en la democracia y muchos de los gestos y las decisiones que va tomando es sus 4 años de gobierno confirman sus convicciones. Ha cumplido su palabra en relación con su compromiso de retirar las tropas de Irak. Lo ha hecho también reforzando el papel del Parlamento. Lo ha hecho con la desgubernamentalización de la televisión pública. Lo ha hecho ejerciendo los debates que siempre son un riesgo para el que va ganando. Él prometió debates preelectorales y lo ha cumplido. Y conviene recordar que sólo ha habido debates electorales cuando lo hemos asumido presidentes socialistas. Felipe González en 1993 y 5 años después con Rodríguez Zapatero. Ni Aznar y Rajoy quisieron hacerlos en los 8 años de gobierno del PP.
Para mi los debates son imprescindibles en la sociedad de la comunicación en la que vivimos. Yo creo que serán irreversibles y que a partir de ahora no habrá elecciones sin debate. Es más, creo que habría que perfeccionar el formato y las reglas y habría que dar un papel más activo a los periodistas para que pregunten y hagan más vivos y espontáneos los debates, como ocurre por ejemplo, en los Estados Unidos.
Respecto al contenido, mi impresión es que Zapatero ganó en la actitud personal, en las formas, y especialmente en los discursos de inicio y en el mensaje final. Creo que también gano claramente los debates relacionados con la políticas sociales, la economía y los retos de futuro. Y cabe decir que fue más pareja la dialéctica relacionada con la política institucional y el terrorismo.
Que sepa, 4 televisiones han hecho sondeos y en las 4 ha ganado Zapatero (TeleMadrid, Antena 3 Cuatro y La Sexta) lo que pone en evidencia que la victoria entre la ciudadanía de a píe la gana claramente el Presidente del Gobierno. Sin embargo, la opinión más analítica de columnistas, tertulianos y críticos en general, ha sido más igualada. Puede decirse que hay todavía un partido de vuelta pendiente, y que el lunes 3 veremos la final definitiva.
El problema de Rajoy es que va perdiendo 2-0, porque perdieron con claridad e debate Solbes-Pizarro y ha perdido por la mínima el primer debate Zapatero-Rajoy. A Rajoy le queda pues un último partido al que llega como un equipo de baloncesto, que llega a los últimos minutos de partido perdiendo por 5 puntos y está obligado a un ataque a la desesperada para intentar ganar corriendo el riesgo, a su vez, de perder por 10.
Si Rajoy reanuda el debate con un discurso tan agresivo, tan catastrofista, tan acusadamente negro sobre la España real, por decirlo en otros términos, tan crispador y divisionista, habrá perdido la batalla, perderá el centro y no podrá obtener en ningún caso la confianza de los españoles para un proyecto y un presidente tan de derechas y tan agresivo.
Os envío un pequeño resumen de lo que dije la noche de apertura de la campaña electoral en Vitoria-Gasteiz sobre la actuación del PP en sus cuatro años de oposición.
“Ante todo esta legislatura ha sido una legislatura marcada por la crispación ejercida conscientemente y día a día en las instituciones y en la calle la por el Partido Popular.
Durante los años de oposición a Aznar, el PSOE se movilizó en la calle dos veces; una por el decretazo que reducía las prestaciones por desempleo con el que se quería afrontar la crisis económica de 2002 y otra con motivo del envío de tropas a Irak. Por su lado el PP ha montado una docena de manifestaciones en los que la derecha se ha mostrado más reaccionaria y retrograda que nunca, excitando sentimientos íntimos de los ciudadanos: la familia, el matrimonio homosexual, las victimas del terrorismo, y monopolizando los símbolos y las instituciones españolas como la bandera y la Constitución.
Cabe destacar las continuas descalificaciones e insultos tanto al Presidente Zapatero como al Gobierno de España. Comportamientos que se han visto tanto en los medios de comunicación como en sede parlamentaria, donde el Rodríguez Zapatero ha sido calumniado y acusado reiteradamente de barbaridades por los vociferantes ocupantes de los escaños de la derecha española.
El PP ha mentido y lo ha hecho conscientemente a lo largo de estos cuatro años de gobierno socialista. Lo hicieron con la guerra de Irak, con el 11 de marzo, con la siempre manida idea de que España se rompía o diciendo que el Gobierno Zapatero había vendido Navarra a los nacionalistas.
Pero lo más indignante es el bloqueo político al que han sometido durante estos años a las instituciones. Se han opuesto sin argumentos comprensibles a la reforma constitucional, a la renovación del Consejo del Poder Judicial y han bloqueado el Tribunal Constitucional. Han negado cualquier consenso, y sobre todo, el más relevante y decisivo para nuestra sociedad como es la lucha antiterrorista. Se han opuesto al consenso en materias sensibles y suprapartidistas: desde la inmigración a la política exterior, desde las leyes educativas a las políticas sociales o de igualdad, como por ejemplo, la Ley de Igualdad de la mujeres que la recurrieron al TC y acaban de perder el recurso dictando el dicho tribunal una sentencia que declara constitucionales los preceptos de dicha Ley. Han cuestionado sin ambages la capacidad del Banco de España o la imparcialidad del Instituto Nacional de Estadística, institución que a día de hoy continua con la misma directora que ellos eligieron en sus años de gobierno.
Por ello, es al PP y su política de crispación y mentiras a la que se debe sin lugar a dudas esta tensión electoral de la que tantos hablan, porque el Gobierno de Zapatero ha sido responsable y coherente en su labor de gobierno, como lo fue en su día en su labor de oposición”
Este domingo, 17 de febrero de 2008, Kosovo proclama su independencia, y la pequeña población albanokosovar del nuevo país (poco más de 2 millones de habitantes) celebra alborozada su recién conquistada estatalidad. La comunidad internacional aceptará a regañadientes la inevitabilidad de esa decisión unilateral y la Unión Europea se esforzará por hacer digerible a Serbia una solución tan injusta como humillante, ofreciéndole a cambio el premio de su acceso al club europeo. En esencia, éste es el desenlace de un conflicto en el que se acumulan todos los ingredientes de las tragedias políticas: nacionalismo exacerbado y antagónico, guerra étnica y fractura territorial (...)
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http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20080214/opinion/comparaciones-imposibles-ramon-jauregui-20080214.html
Los obispos colocaron la Familia en la diana de su agresiva ofensiva contra el gobierno, en la precampaña electoral navideña. ¿De qué familia hablamos? Nosotros reconocemos y valoramos la familia en cuanto representa el espacio humano de afectos, sentimientos y solidaridad en sus más íntimas expresiones. La familia para criar y educar a nuestros hijos. La familia como expresión del núcleo humano más importante de la organización social. Todo eso y todo lo que ustedes quieran añadir, es la familia que se forma cuando dos personas deciden vivir juntas y formalizan su compromiso sentimental a través del contrato que lo regula. Ese contrato puede ser de muchas maneras: matrimonio religioso, matrimonio civil, unión libre de parejas de hecho, etc. Para mí, familia son todas. Desde luego los matrimonios religiosos o civiles, pero también, las personas divorciadas que viven juntas, los matrimonios de homosexuales, las madres solteras con su descendencia, los padres o madres separados que tienen la custodia de sus hijos, etc. Yo no distingo ni discrimino a la familia en función de esta u otras circunstancias. ¿Habla la Iglesia de todas ellas? ¿Acepta la Iglesia española la existencia de todas esas familias creadas como ejercicio del derecho de las personas a compartir sus sentimientos y buscar la felicidad junto a la persona amada?
Conviene examinar algunas estadísticas que nos muestran la radiografía plural de las familias españolas. Empecemos por recordar que en España ya hay más parejas que se casan por el juzgado que por la Iglesia. Por cada tres matrimonios que se celebran cada año, se producen dos divorcios, siendo 16 años la duración media de los enlaces rotos. Por cierto, desde que se aprobó la agilización del divorcio en 2005, el mal llamado “divorcio express”, el número de divorcios se ha multiplicado por cuatro. Pero, atención, eso no quiere decir que haya más rupturas matrimoniales sino que estas se formalizan mediante una ley más ágil y facilitadora de la voluntad de los cónyuges. Lo que ocurría antes eran separaciones matrimoniales mucho más caras y engorrosas. De hecho, con la nueva ley, el divorcio representa el 87% de las rupturas matrimoniales y antes no llegaba al 40%.Una de cada cuatro madres españolas, es soltera. En cifras totales, 124.000 mujeres que en 2005 dieron a luz de las 466.400 que lo hicieron ese año, no estaban casadas. En Cataluña ese porcentaje asciende al 30%. Y muy cerca nuestro, en Francia, son mayoría los hijos nacidos fuera del matrimonio.
Cuando la Iglesia española reivindica la familia, ¿qué familia reivindica? ¿El matrimonio religioso y a poder ser con hijos? ¿Dirige la Jerarquía española su pastoral a un tipo exclusivo de familia o es capaz de comprender que una parte enorme de su feligresía se ha divorciado o es madre soltera o es homosexual y también son familias y tienen derecho a no ser excluidos de su grey? ¿Pretende la jerarquía que sólo quepa la Nulidad de los matrimonios religiosos, por cierto sólo posible para quienes puedan pagar procesos carísimos y amañadísimos ante el Tribunal de la Rota? Negarse a aceptar esta realidad social es tan incomprensible como seguir prohibiendo el uso del preservativo frente a la pandemia del SIDA, actitudes anacrónicas, empeñadas en imponer una particular visión del mundo cerrada a toda evidencia, que tanto recuerda a sus antecesores que negaban a Galileo el movimiento de la tierra.
Hay otra cosa que me indigna. Cuando Rodríguez Zapatero me encargó elaborar el Programa Social del PSOE para las elecciones pasadas de 2004, la familia fe el eje de todo el programa. Todas las políticas que ha puesto en marcha este gobierno, cumpliendo fielmente por cierto su programa electoral, han tenido como objetivo último las familias españolas. La atención a la dependencia es una medida de protección a la familia de la A a la Z, porque libera a las familias, sobre todo a las mujeres, de una carga incompatible con el trabajo fuera del hogar o porque permite a quienes cuidan a sus mayores, profesionalizar y dignificar su tarea. La atención a los niños de cero a tres años va en la misma dirección. Y ambas medidas van a multiplicar por tres el bajo índice de gasto social en Familias, de nuestro Estado del bienestar, como se sabe, anómalo – por bajo- respecto a Europa en esta asignación del gasto social. La ley contra la violencia de género y la ley de Igualdad de géneros, tienen innumerables medidas, más o menos directas, favorecedoras de la familia, aunque no sea más que para trasladar a las familias, ese elemental principio de igualdad entre mujeres y hombres que debe tener en ellas –en las familias- su principio educativo y de aplicación primordial. El permiso de paternidad que otorga a los hombres 15 días de permiso retribuido (que aumentaremos a cuatro semanas la próxima legislatura) para que acompañen a la madre y al niño esos días y para que se amortigüe el efecto negativo del permiso de maternidad en la carrera profesional de las mujeres (el llamado “efecto Boomerang”). Las medidas de conciliación familia-trabajo introducidas en la Administración española (“Plan Concilia”) y en diversas normas laborales; el aumento del permiso de lactancia ó las facilidades legales para el cuidado de hijos, etc.
Yo me pregunto, ¿todas esas medidas favorecen a las familias? ¿Aumentan la protección social de las familias españolas? No he oído una palabra de la Iglesia española estos años sobre estas cosas. ¿Le merecen alguna opinión? ¿Considera la jerarquía católica que ayuda a la maternidad el estímulo económico de nacimiento por hijo y las facilidades para conciliar el trabajo fuera del hogar, con la familia?
El gobierno ha desarrollado una auténtica y notable política para las familias. Una Política Integral y transversal, que ha abarcado leyes importantísimas como las ya citadas de Dependencia, Igualdad, Conciliación, Adopción Internacional, etc., y que se ha plasmado en innumerables medidas de contenido económico ya fuera para mejorar el tratamiento fiscal de las familias, como para aumentar las ayudas a las familias numerosas o en situación de riesgo o de exclusión; ya fuera para mejorar los ingresos mínimos de multitud de hogares con pensiones bajas, como para ayudar a las familias numerosas; ya fuera para impulsar las políticas empresariales “familiarmente responsables”, como para ayudar a las familias monoparentales. Desgraciadamente no hemos contado con el elogio episcopal sobre las políticas públicas que hemos desarrollado en favor de la familia. Ni siquiera el consejo. Sólo un anacrónico, injusto y partidista reproche, construido desde la animadversión de algunos prelados y, desde el desconocimiento de la realidad social española o, lo que es peor, fraguado a espaldas de millones de católicos españoles, mucho más comprometidos con el evangelio que con sus pastores.